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LA PELI DE LA GENTE

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LA PELI DE LA GENTE

Hernán Casciari y el guion de Muchachos: el llamado de Messi, la pregunta de los 5 millones y el increíble juego de las coincidencias

 

A casi un año del título del mundo en Qatar, el estreno de la película reaviva los sentimientos de aquel inolvidable diciembre de 2022. En diálogo con Teleshow, el escritor revela cómo logró poner en palabras una historia tan argentina como indescifrable

 

 

El 18 de diciembre de 2022, más de cinco millones de personas salieron a la calle a festejar el triunfo de la Selección Argentina en el Mundial de Qatar. Un rato antes, Hernán Casciari estaba viendo la final en su casa, junto a su esposa y sus hijas, el mismo ritual que repitió en cada partido de la Scaloneta. A medida que se consumaba el logro, por su inconsciente empezaron a desfilar las imágenes de sus últimos 20 años. La emigración con su familia a Barcelona, eyectados por la crisis del 2001. Las primeras alianzas en esa tierra catalana, hostil u hospitalaria según los humores. La resistencia organizada en torno a la yerba y el dulce de leche. La aparición casi mitológica de un nene zurdo y rosarino en las inferiores del Barcelona que era un escándalo lo que jugaba.

Los recuerdos se acomodaron en palabras y en el cuento La valija de Lionel relató las peripecias de su familia y de los argentinos en aquella Barcelona de comienzos de los 2000. Y es una de las puntas para empezar a desentrañar el ovillo de Muchachos, la película de la gente, uno de los dos títulos que retrata el logro argentino en tierra árabe. Fue su reconciliación con la escritura y el cierre del círculo para aquella comunidad emigrante. Y después llegó la figura de El nene zurdo, que puede leerse como un spin off de aquel cuento y el relato sobre el que se articula la película. La dirección de Jesús Braceras y la voz de Guillermo Francella completan el trípode del filme que con producción de Pampa Films se estrena hoy en los cines de todo el país.

Cuando Casciari habla con Teleshow termina de ver la película por cuarta vez. Sabe que no va a ser la última y podría seguir viéndola tantas veces sin hartarse.Y no se trata de un mimo al ego sino de la satisfacción de un logro colectivo. Ese de los jugadores y el cuerpo técnico, de los millones de hinchas que hicieron fuerza en todas partes del mundo, de los miles que colaboraron mandando su material. “Por la temática, el momento y lo que el destino quiso mostrar como guión, era muy difícil chocarla. Hay un trabajo de dirección y de edición muy bestial de Jesús, y es realmente muy conmovedor todo lo que pasa”, asegura con un entusiasmo que contagia.

—Y también un desafío: contar una historia partiendo de una base con tantos condimentos.

—Creo que el guión no es perfecto justamente por eso, porque es demasiado perfecto. Pero más allá de eso, el hecho de que el espectador sepa que está basado en algo no solamente real, sino que lo ha traspasado hace un año, es un buen detalle para que se reimpriman ciertas sensaciones otra vez. Es increíble cómo ocurre esto, y te lo digo más como espectador, como conejito de indias, que como creador.

—Pasan los meses y nos sigue tocando una fibra íntima.

—Sí, además la película consigue algo que nosotros el año pasado como espectadores no pudimos ver claro. Veíamos los partidos y después nos íbamos a festejar, o recorríamos las redes sociales para ver las reacciones, pero no podíamos conjugar una cosa con la otra, no había manera de editarlas en nuestra cabeza. La película lo hace, y te das cuenta sobre todo en el gol de Di María contra Francia, que en vez de durar nueve segundos dura casi un minuto. Se mezclan las jugadas con un living en La Rioja, con un departamento en Buenos Aires, con una calle en Santiago del Estero… Es tan lindo eso, es tan nuevo también, lo vimos tan pocas veces que me parece que es el inicio de un género.

—Esto es raro también, porque uno tiende a pensar que mediatizar las emociones de alguna manera es tomar distancia, pero igualmente logra conmoverse con la emoción del otro.

—Es increíble cómo procesamos esa información. Hay una escena de un partido que se ve a tres chicas en un departamento que terminan tiradas en el suelo como si fuera una película de terror…

 

A jugar el juego

 

Muchachos, la película de la gente se articula, precisamente, a partir del relato coral de miles y miles de videos que llegaron de todas partes del país a partir de una convocatoria. El texto de Hernán, la voz de Guillermo y el trabajo de Jesús completan ese rompecabezas de piezas deformes, aparentemente inconexas, sin otro hilo conductor que la pasión por la Selección Argentina: “Necesitamos poder verlo de esta manera, justamente por haber vivido los dos mundos por separado”, dice Hernán, y abre la puerta de la sala de edición.

—¿Fue difícil la tarea?

—Seleccionar la cantidad de imágenes que recibimos de gente, que nos mostraban las películas de su living, de la calle o de la cancha, fue un arduo trabajo. Hubo que mezclarlo con las imágenes de FIFA, con lo futbolístico, también con lo histórico, con el racconto de otros mundiales, de la vida de Messi. Esa mezcla hace que se pueda responder la pregunta que me hago en la película: por qué salieron cinco millones de personas a la calle, qué razón extra futbolística hubo para que eso ocurra.

 

 

—Como persona de las letras y de la comunicación, ¿cómo analizás el contenido discursivo que dejó el mundial? Las reacciones, los memes…

—Es complicado, porque cada persona lo ve desde su propio prisma. Sin embargo, fuimos muchos millones de personas por primera vez en la Argentina viendo casi lo mismo, sintiendo parecido, pensando lo mismo, buscando un objetivo común. Eso ya es raro. Como hombre de las letras no veo nada porqueme parece que nos despojamos de toda racionalidad cuando escribimos algo así. Aparece la extrema felicidad y esa locura colectiva tan pacífica que vivimos después del 18 de diciembre, recordamos las conversaciones durante el mundial. Hay algo que yo extraño un poco, que es eso de mirarse a los ojos con un desconocido por la calle sabiendo que nos estaba pasando algo parecido, y eso pasó desde la semifinal en adelante: veíamos que se venía una muy rara, muy buena y no lo queríamos decir. Todas las mufas que queríamos sacarnos de encima, todas las cábalas. Hay algo ahí que creo que está muy relacionado con la infancia, con nuestros padres, hay algo de los mundiales que que es muy difícil de explicarle a Canadá, a esos países donde no les importa tanto el futbol. Hay algo en los mundiales que es muy nuestro, que esta vez, además, fue nuestro, y me parece que hoy hay dos películas a punto de estrenarse porque somos campeones.

—¿Vos conectaste con algo en particular?

—Hay muchas cosas que el fútbol unifica y muy pocas cosas en este país que unifican como el fútbol. En lo particular, la sensación que tuve fue de “qué suerte que estaba acá”. Yo viví 15 años afuera y la sensación es que hubiera sido desastroso para mi corazón que todo esto ocurriera viviendo allá, no me hubiera gustado en absoluto, hubiera sentido un vacío muy grande. La certeza de que si salía a la calle estaba todo el mundo festejando, me alivió, me contuvo y me abrazó.

 

El Diego y la caravana interminable, una de las tantas imágenes de las que se nutre Muchachos (Prensa Disney)

 

—¿Cómo aparece la figura literaria del nene zurdo para construir el relato?

—El trabajo que hicimos con Jesús fue muy de mano a mano y muy alucinante, porque nunca había trabajado de esa manera. Él me tiraba cuatro escenas y me decía “mirá, esto es antes de Arabia, lo que tenemos que conseguir es que al espectador le pase esto y esto”. Yo le mandaba un audio y él los calzaba donde correspondía, fue un trabajo muy, muy divertido que yo nunca había hecho. Siempre escribo en un papel y después vemos, pero en este caso las imágenes estaban primero que las palabras y fue alucinante como se laburó.

—Jesús fue muy elogioso con tu trabajo, con la capacidad de trasladar al papel esas ideas.

—Es que fue un laburo en equipo y eso también se ve en la pantalla. No nos conocíamos, pero yo soy muy fan de Barrabrava y de Monzón, sus grandes trabajos. Nunca habíamos trabajado juntos y, esto nos lo dijimos en privado, fue como si nos conociéramos de antes, como si supiéramos lo que queríamos del otro. Fue un trabajo muy fluido, sin tropiezos ni obstáculos, algo que no suele pasar con gente con la que trabajás por primera vez.

Jesús Braceras, Guillermo Francella y Hernán Casciari (RS Fotos)

 

Todo esto va a pasar

En el recorrido histórico que da inicio a la película, además del derrotero de la selección por los mundiales, hay imágenes de diferentes momentos de la Argentina reciente. “Durante mucho tiempo, solo salíamos a la calle para protestar”, es la idea sobre la cual se articulan postales de diferentes reclamos populares. Y como referencia sobresaliente, el estallido del 19 y 20 de diciembre 2001.

El otro contexto tiene que ver con una serie de cuestiones externas que se confabularon a favor nuestro. El mundial en diciembre permitiría celebrar los hipotéticos triunfos más ligeros de ropa, quizás en la playa o a lo sumo en piletas de lona. Los días eran más largos y las rondas de cervezas se podían extender sin demasiada culpa. El último capricho del destino ubicó a la final el 18 y al regreso de los jugadores y el multitudinario festejo el 20. Una conexión directa con aquel diciembre, fecha símbolo de la crisis y de la emigración, de la que la familia Casciari -y de alguna manera, la familia Messi- fueron parte. Así lo documentó en el cuento La valija de Lionel, que narra las peripecias de la comunidad argentina en Barcelona de comienzos del milenio, con el rosarino como líder imprevisto.

—¿Cómo analizás estas coincidencias?

—Es simbólico, es increíble, y también es bastante increíble que un año después estemos estrenando estos documentales y la política argentina vuelva a ese círculo que no se cierra nunca, que sea ese ir para atrás e ir para adelante. Me parece que la película va a servir para suavizar también este diciembre, que es bastante excéntrico.

—Se vuelve impensado también ver esa multitud en la calle, sin incidentes ni grietas.

—Claro, en vez en vez de parecer que fuera un año atrás para que fuera un universo paralelo al costado, es rarísimo. Es increíble que seamos el mismo país. Y lo somos. Leí en Infobae que Jesús definió a la película como “un Gran Hermano de la argentinidad”, y estoy de acuerdo, porque nos muestra como somos, tremendamente contradictorios. Y poder verlo con una excusa de felicidad, me aparece que está muy bien.

 

Los hinchas de entrecasa, tan protagonistas de la película como los jugadores (Prensa Disney)

 

La valija de Lionel llegó a oídos del propio Messi y su familia. ¿Fue lo más importante que te pasó como escritor?

—No sé si como escritor, pero posiblemente sí de mi vida familiar. Y después de lo que se vio que pasó con el cuento, y el mensaje que mandó Messi a Perros de la calle, ocurrió algo muy divertido. Andy (Kusnetzoff) estaba en París haciendo una nota y me llama por teléfono, sin decirme que estaba con Messi. Me dice una pelotudez, yo le contesto, y me dice “¿por qué no se lo decís a él?” y lo pone en la videollamada. Era un mediodía de domingo, estaban mi mujer y mis dos hijas, y yo no sabía cómo carajo hacer para avisarles con la mirada de que estaba hablando con Messi por videollamada. Y trataba de hacer captura de pantalla para mostrarles, sin saber que Andy estaba grabando la llamada. Toda una situación de irrealidad absoluta, hacía muy poquito que Argentina había salido campeón del mundo y me tocaba un pedacito de la torta.

—¿Tuviste reacción de aquel chat y esa comunidad que se fue formando en Barcelona?

—Un montón, porque mucha de esa gente formó parte de la comunidad de Orsai también, encontré referencia en chats grabados, en textos guardados, hubo mucha repercusión interna en gente que conozco.

—La vida en Barcelona, la experiencia con Orsai, el triunfo en el mundial tienen un denominador común y es esto de empujar para el mismo lado, más allá de las diferencias.

—Sí, es casi un cliché decir que esa es la clave para salir adelante como país, como familia, como empresa o como grupo; creo que sabemos todos que es la clave, lo que no sabemos es por qué nos cuesta ponerla en práctica. Puntualmente dentro de lo que es Orsai como proyecto, esta película se nutre de un montón de gente a la que le pedimos imágenes. Ese chat de inmigrantes en Barcelona era también una pequeña comunidad tratando de remar para un lado en un contexto bastante adverso, en el que Messi formaba parte también como líder involuntario. Me parece que mirarnos y reconocernos como grupo de personas que van en el mismo barco es la salida de todos los males, el problema es lo complicado que nos resulta.

 

FUENTE: INFOBAE