La convivencia entre la producción ganadera y los carnívoros nativos vuelve a ocupar un lugar central en la agenda patagónica. Un reciente informe de la Defensoría del Pueblo de la Nación reabrió el debate sobre las prácticas históricamente utilizadas para enfrentar los conflictos entre productores y fauna silvestre, y puso en discusión la necesidad de avanzar hacia estrategias más eficaces y sostenibles.

En la Patagonia, la ganadería se desarrolla en campos abiertos donde pumas y zorros forman parte del ecosistema. Esta interacción permanente plantea un desafío complejo: cómo garantizar la viabilidad de las economías rurales sin poner en riesgo la conservación de especies nativas.
Para el biólogo Andrés Novaro, director de Conservación Terrestre de Wildlife Conservation Society Argentina, se trata de uno de los grandes desafíos de la región. “Es necesario tender puentes entre la conservación de la naturaleza y la producción”, sostiene, y remarca que el trabajo debe orientarse a “buscar soluciones que funcionen y acompañar a los productores y a las agencias de gobierno para implementarlas”.

El informe presentado por la Defensoría del Pueblo vuelve a poner el foco en la llamada “caza con recompensa”, una herramienta aplicada históricamente para reducir la presencia de carnívoros en zonas de conflicto. Según explica Novaro, esta práctica “paga por animales cazados con el objetivo de disminuir su número”, pero advierte que, en el contexto actual, “no son políticas eficaces ni generan resultados duraderos”.
Frente a ese escenario, desde la experiencia en conservación se destacan alternativas no letales. “Existen medidas de protección del ganado y de ahuyentamiento de carnívoros que pueden ser efectivas”, señala el especialista. Entre ellas menciona el uso de perros y burros protectores de ganado, así como luces disuasivas para corrales.

No obstante, Novaro subraya que no hay soluciones únicas. “Ninguna medida por sí sola resuelve el problema”, afirma, y destaca la importancia de realizar diagnósticos específicos por región. Ese análisis permite definir combinaciones de herramientas adaptadas a cada realidad productiva y ambiental.
En la Patagonia, una de las estrategias que mostró mejores resultados es el uso de perros protectores de ganado, con niveles de efectividad percibida cercanos al 85%. También se registraron experiencias positivas con luces disuasivas en encierres nocturnos y con la planificación espacial y temporal que realizan los productores, especialmente en épocas sensibles como la parición.

Pensar una convivencia posible entre ganadería y carnívoros implica, según Novaro, avanzar de manera progresiva: diagnósticos rigurosos, planificación basada en evidencia, integración del conocimiento de productores y técnicos, y un seguimiento continuo que permita ajustar las decisiones.
Lejos de recetas rápidas, la experiencia territorial indica que el camino pasa por el acompañamiento técnico y políticas basadas en datos. En una región tan extensa y diversa como la Patagonia, la convivencia entre producción y fauna nativa no es un concepto abstracto, sino una construcción cotidiana orientada a un futuro sostenible.

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