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LA CALLE HABLÓ: CACEROLAZO MASIVO EN TODA SANTA CRUZ

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LA CALLE HABLÓ: CACEROLAZO MASIVO EN TODA SANTA CRUZ

El flyer hablaba de “la respuesta está en la calle”. Y la calle, efectivamente, respondió. Pero lo que dejó el cacerolazo provincial de ayer no es solo una postal de protesta sindical: es la confirmación de un clima que viene cargándose hace meses y que ya empieza a desbordar los canales formales.

Convocado por el Frente Sindical, el reclamo se presentó con una lista clara y contundente: contra el recorte, contra los salarios de miseria, contra los despidos, por la salud pública, en defensa de los jubilados y por la educación. No hubo ambigüedad en el mensaje. Tampoco en el tono. La protesta no buscó matices, buscó hacer ruido. Literal.

El dato político no es menor: la movilización fue simultánea en distintos puntos de Santa Cruz —Río Gallegos, Caleta Olivia, Pico Truncado, Las Heras, Río Turbio, El Calafate, entre otros— lo que muestra un nivel de articulación que no siempre aparece en este tipo de convocatorias. No fue una protesta aislada ni sectorial. Fue un intento de instalar una agenda común de conflicto.

Ahora bien, detrás de las consignas hay preguntas incómodas que empiezan a circular incluso entre quienes participaron. Si el eje es “contra el ajuste”, ¿dónde está hoy el ajuste concreto y quién lo ejecuta? Si el reclamo es por salarios de miseria, ¿por qué no hay una discusión más frontal sobre la estructura de ingresos del Estado provincial y sus empresas? Y si el problema son los despidos y el deterioro de los servicios públicos, ¿cuál es el diagnóstico real sobre el manejo de los recursos?

Porque hay algo que empieza a hacer ruido —y no es precisamente el de las cacerolas—: el desfasaje entre lo que se recauda y lo que llega. Servicios Públicos sigue siendo una caja negra para muchos sectores, mientras los usuarios pagan tarifas cada vez más pesadas. El sistema de salud muestra signos de desgaste estructural. La educación acumula conflictos. Y los jubilados siguen siendo el eslabón más débil de cualquier ecuación.

En ese contexto, el cacerolazo funciona más como síntoma que como solución. Expresa bronca, pero también incertidumbre. Porque si bien el flyer planteaba que “la respuesta está en la calle”, la calle por sí sola no resuelve el problema de fondo: quién administra, cómo se distribuye y hacia dónde va la plata en Santa Cruz.

La movilización de ayer dejó una advertencia clara para el poder político: el margen de tolerancia social se está achicando. Pero también deja un desafío para quienes convocan: transformar el ruido en propuesta, y la protesta en algo más que una catarsis colectiva.

Porque cuando las cacerolas suenan en toda la provincia al mismo tiempo, ya no es solo una marcha. Es un mensaje. Y alguien, más temprano que tarde, va a tener que hacerse cargo de responderlo.