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EL GOBIERNO SINDICAL AHORA APLICA EL MANUAL DE LA PATRONAL

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EL GOBIERNO SINDICAL AHORA APLICA EL MANUAL DE LA PATRONAL

DEL BOMBO AL DESCUENTO: EL GOBIERNO QUE TERMINÓ DESCUBRIENDO EL PLACER DE DISCIPLINAR GREMIOS

Durante años marcharon denunciando persecución sindical, aprietes patronales, descuentos arbitrarios y ataques al derecho a huelga. Cortaban rutas, hablaban de “criminalización de la protesta” y repetían que tocarle el sueldo a un trabajador por hacer paro era una práctica autoritaria propia de gobiernos alejados de la realidad obrera. Hoy gobiernan Santa Cruz. Y curiosamente, todas esas herramientas que antes denunciaban empezaron a reaparecer desde el propio Estado provincial.

La tensión explotó fuerte en Vialidad Provincial, donde una reunión terminó entre acusaciones cruzadas, amenazas de descuentos y portazos. Desde la conducción del organismo comenzaron a deslizar la posibilidad de avanzar sobre adicionales salariales vinculados a la dedicación exclusiva para trabajadores que participaron de medidas de fuerza, mientras al mismo tiempo empezó a instalarse otra discusión todavía más delicada: quién debe hacerse cargo económicamente de los dirigentes sindicales liberados para tareas gremiales.

Y ahí aparece una de esas contradicciones que la política santacruceña regala cada tanto. Porque mientras algunos funcionarios parecen descubrir ahora con indignación la existencia de licencias gremiales con goce de haberes, el propio Convenio Colectivo de Trabajo lo establece de manera explícita. El artículo 104 inciso F no deja demasiado margen para interpretaciones rebuscadas: contempla licencias con goce de haberes para representantes sindicales electos y fija incluso la cantidad de dirigentes alcanzados según el número de afiliados de cada organización.

Sí, está escrito.
Sí, está vigente.
Y sí, también fue firmado por varios de los que hoy integran el poder político provincial.

Entre ellos, nada menos que el actual ministro de Economía del gobierno de Claudio Vidal. Una pequeña maravilla de la política local: primero firman el convenio, después llegan al poder y finalmente empiezan a horrorizarse por las condiciones que ellos mismos avalaron cuando todavía hablaban el idioma del sindicalismo.

Pero el conflicto ya dejó de ser solamente un problema de Vialidad. Porque algo parecido empieza a cocinarse también dentro del Poder Judicial, donde crecieron las versiones sobre revisiones salariales y cuestionamientos hacia dirigentes gremiales, en medio de un clima que muchos ya interpretan como una avanzada más amplia para disciplinar sindicatos dentro del Estado provincial.

Y si hay un sector donde el cambio de lógica quedó brutalmente expuesto fue con los docentes. El mes pasado, trabajadores de la educación que participaron de medidas de fuerza sufrieron descuentos masivos que en muchísimos casos fueron señalados como indiscriminados, ilegales e injustificados. Hubo haberes destruidos, liquidaciones caóticas y docentes que directamente no entendían cómo ni por qué les habían descontado determinados montos. Mientras tanto, el gobierno respondía con conciliaciones obligatorias, amenazas de multas millonarias contra ADOSAC y un discurso que ya suena demasiado conocido: orden, control, prestación efectiva de tareas.

El viejo manual patronal reciclado con nuevo logo.

Y ahí aparece la ironía más incómoda de todas. Un gobierno nacido desde el sindicalismo petrolero terminó enamorado de las mismas herramientas que durante años denunció como mecanismos de persecución laboral. Los que antes encabezaban marchas ahora administran descuentos. Los que hablaban de lucha obrera hoy mandan conciliaciones obligatorias. Los que acusaban a otros de disciplinar trabajadores ahora amenazan gremios con multas millonarias.

En Santa Cruz pasan cosas extraordinarias. Por ejemplo, ver cómo dirigentes que construyeron su carrera política denunciando abusos patronales terminan aplicando exactamente las mismas recetas apenas cruzan del otro lado del mostrador.

Y mientras el relato oficial sigue hablando de defensa de los trabajadores, en los pasillos del Estado ya empezó a circular una definición mucho más cruel, pero cada vez más repetida: no cambiaron cuando llegaron al poder.

Simplemente dejaron de disimular.