LA CASTA ESTÁ EN ORDEN
La carta de los policías autoconvocados dejó una pregunta incómoda flotando en el aire: ¿qué significa ser realista en la Santa Cruz de Claudio Vidal?
Porque mientras el Gobernador les pide realismo a quienes patrullan las calles, trabajan de noche, los fines de semana, los feriados y muchas veces arriesgan la vida, el propio Gobierno parece manejar una vara muy distinta cuando se trata de la estructura política.

Los policías hablan de salarios que no alcanzan, de falta de equipamiento, de móviles insuficientes y de jornadas interminables. Hablan de poner literalmente el cuerpo. De estar donde nadie quiere estar cuando ocurre un accidente, una pelea, un robo o una tragedia.
Y mientras tanto, la provincia sigue sosteniendo funcionarios con salarios que rondan o superan los cinco millones de pesos mensuales, muchos de ellos con cargos cuya utilidad concreta cuesta explicar incluso dentro del propio oficialismo.
Ahí aparece la contradicción.
Porque para el policía que pasa frío en una guardia parece haber siempre una explicación de por qué no se puede. No hay plata. Hay que esperar. Hay que ser responsables. Hay que ser realistas.
Pero cuando se trata de sostener estructuras políticas, cargos, asesores, gerencias, directorios y funcionarios, el realismo desaparece.
La carta no pide privilegios. Pide algo mucho más simple: coherencia.
Porque resulta difícil pedirle sacrificios permanentes a quienes arriesgan la vida todos los días mientras el Estado sigue financiando cómodamente a quienes jamás tendrán que intervenir en una situación de violencia, perseguir a un delincuente o atender una emergencia en medio de la madrugada.
Tal vez el problema no sea que los policías no entienden la realidad.
Tal vez el problema sea que la conocen demasiado bien.
Y por eso la frase final de la carta resuena con tanta fuerza:
“Sea realista, señor Gobernador”.
Porque quienes ponen el pecho a las balas empiezan a cansarse de que el ajuste siempre pase por ellos.