CIRCULO ROJO
Alguien que sabe nos dijo…
…que la renuncia de Pedro Luxen a la presidencia del bloque de SER fue tan rápida como su desembarco. No llegó a cumplir un año y ya arma valijas para mudarse a la Jefatura de Gabinete. El movimiento dejó en claro algo que muchos venían insinuando: puertas adentro, el oficialismo no logra estabilizar ni sus propios liderazgos. Luxen se va sin lograr ordenar su bancada y con un recambio que tomó por sorpresa incluso a quienes lo defendían.
Se comenta en voz baja…
…que la salida dejó un hueco que nadie sabía muy bien quién debía ocupar, y ahí apareció el nombre de Leguizamón, que quedará al frente en un contexto delicado: bloque partido en dos, internas que ya no disimulan y un clima legislativo que se volvió tan áspero como impredecible. En SER no faltan diplomas, pero sí sobran dudas: nadie tiene claro quién conduce, ni hacia dónde.
Corre por los pasillos que…
…en el medio del temblor, Aberastain tuvo su propio capítulo. Le ofrecieron manejar el bloque y dijo que no. Después, cuando se enteró de que la conducción iría para Boffi, quiso volver a la mesa a reclamar lo que había rechazado horas antes. Ya era tarde. La política no espera, y menos cuando el poder está en modo centrifugadora.
Puertas afuera, la realidad económica golpea más fuerte que cualquier interna. Mientras siguen los discursos de humo —represas, YPF, Palermo Aike, promesas de inversión casi míticas— cada día cierran comercios, suben las persianas hacia abajo y más gente se queda sin trabajo. Cientos de personas se anotan cada vez que un local precisa un cajero o un repositor. La tensión social va en ascenso, aunque el relato oficial siga hablando de prosperidad inminente.
Y hablando de golpes: la dura derrota de Vidal en la Caja de Previsión dejó heridas abiertas. Ya van varias, y ni movilizando policías, funcionarios y la maquinaria del Estado lograron torcer un resultado que dejó al gobierno mirando el piso.
El dato del Círculo Rojo…
…los que revisan los números de verdad adelantan que se viene un pedido de préstamo para pagar sueldos. No hay magia, ni atajos, ni épica petrolera que alcance: la caja no da. En el silencio del gabinete ya nadie discute si habrá que pedir ayuda, sino cuándo.