DEL SILENCIO A LA PRESIÓN: POR QUÉ VIDAL NECESITA QUE ESPAÑÓN DÉ UN PASO AL COSTADO
En política casi nada ocurre por convicción repentina. Ocurre por necesidad. Y el comunicado del bloque oficialista anunciando que aceptará la renuncia de Fernando Españón parece responder más a un cálculo que a un despertar institucional.
El dato que incomoda es simple: Españón todavía no habría formalizado su renuncia. Mientras en Río Gallegos se habla de sesión extraordinaria y compromiso con la división de poderes, el diputado permanece en 28 de Noviembre. Lo que sí circula con fuerza es que las presiones existen. Que el gesto es esperado. Que la señal debe darse.
Ahora bien, si uno observa el frente judicial, nada cambió. No hubo fallo nuevo, no apareció una novedad procesal, no se movió un expediente que altere el escenario. Entonces la pregunta es inevitable: ¿qué cambió para que Vidal le suelte la mano a uno de sus primeros soldados?
Lo que cambió no está en la Justicia. Está en el clima político.
La pauta salarial cero empieza a pesar en el humor social. Los estatales siguen sin aumento. Los gremios tensan la cuerda. Y en paralelo, el desempeño de los senadores alineados con el oficialismo en la votación de la reforma laboral generó ruido en sectores que esperaban otra postura. Demasiados frentes abiertos, demasiado desgaste acumulado.
En ese contexto, el caso Españón funciona como un nuevo centro de gravedad. Se habla de institucionalidad. Se invoca la división de poderes. Se promete transparencia. El eje de la conversación se desplaza. Durante algunos días, el debate deja de ser el salario congelado o el voto incómodo en el Senado y pasa a ser un gesto político presentado como ejemplar.
Pero aquí aparece la contradicción más evidente.
Este es el mismo Gobierno que hoy se abrazan al discurso de la defensa de la división de poderes y fueron quienes ampliaron el Tribunal Superior de Justicia entre gallos y medianoche, consolidando una mayoría automática. Son los mismos que impulsaron la ampliación del Tribunal de Cuentas y colocaron al frente a la ex ministra de Economía. La institucionalidad, entonces, parece activarse según la coyuntura.
Nada cambió en la Justicia.
Nada cambió en las causas.
Lo que cambió es la necesidad política de mostrar en titulares medicticos lo que no se hace en la realidad .
La jugada es clara: mostrar firmeza, marcar distancia, recuperar iniciativa. El Gobierno deberia tener mas tacto, porque cuando se percibe que un movimiento responde más a la urgencia del momento que a una coherencia sostenida, el efecto puede ser el contrario.
Si finalmente hay renuncia, será el desenlace de una presión insostenible desde el ciruclo rojo del Gobierno.
En cualquiera de los casos, el tablero se movió. No por una transformación institucional profunda, sino por una necesidad política inmediata.
Y en Santa Cruz, cuando la política intenta cambiar el tema de conversación, la sociedad suele preguntar por qué.
