MURIÓ UNA JOVEN DE 19 AÑOS TRAS CONSUMIR COMIDA DE UN BASURAL EN SANTA CRUZ: LA TRAGEDIA QUE EXPONE UNA DESIDIA QUE NADIE VIO
Una joven de 19 años murió en el Hospital Zonal de Caleta Olivia luego de haber sido internada con un cuadro de sepsis. Según confirmaron fuentes sanitarias, había consumido alimentos provenientes de un basural y presentaba un avanzado estado de desnutrición. Sus tres hermanos, de 3, 8 y 13 años, también fueron hospitalizados por la misma situación y permanecen fuera de peligro bajo seguimiento médico.
La joven había ingresado el 6 de febrero y estuvo varios días en la Unidad de Terapia Intensiva. El desenlace ocurrió el lunes y dejó algo más que un parte médico. Dejó al descubierto una realidad que crece en silencio.
Los cuatro hermanos evidenciaban signos de desnutrición prolongada. No se trata de una descompensación repentina ni de un hecho aislado. La desnutrición no aparece en una semana. No irrumpe sin señales previas. Es un deterioro progresivo, visible, detectable. Es un proceso.
Y entonces la pregunta se vuelve inevitable.
Si estaban desnutridos, ¿dónde estaba el Estado?
¿Dónde estaban los dispositivos de asistencia social?
¿Dónde estaba la Municipalidad de Caleta Olivia?
¿Dónde estaban los sistemas de alerta temprana?
¿Dónde estuvimos todos para no verlo?
A la tragedia sanitaria se sumó otro dato que profundiza el cuadro: la joven no contaba con Documento Nacional de Identidad, lo que demoró los trámites posteriores a su fallecimiento. La falta de documentación básica es, también, una forma de exclusión. Sin DNI no hay registro, no hay sistema, no hay acceso pleno a derechos.
Días antes, la madre había ingresado a la guardia hospitalaria, fue estabilizada y recibió el alta. El contexto familiar era de extrema vulnerabilidad.
El caso ocurre en una provincia que encabeza el ranking de la canasta básica más cara del país. Una provincia atravesada por tensiones fiscales, discusiones salariales, conflictos institucionales y debates políticos permanentes. Pero mientras el debate público se concentra en la rosca y el poder, una joven de 19 años muere tras consumir comida de un basural.
Eso no es solo pobreza. Es desidia.
Porque la pobreza puede explicarse con estadísticas. La desidia, no. La desidia es cuando las señales estaban ahí y nadie activó nada. Es cuando los sistemas no cruzan información. Es cuando el territorio no detecta. Es cuando la política discute macro y pierde de vista lo básico: que nadie debería comer de la basura.
Santa Cruz nos duele porque la tragedia no empezó el día que ingresó a terapia intensiva. Empezó mucho antes. Empezó cuando el deterioro era visible y no hubo intervención suficiente. Empezó cuando la vulnerabilidad dejó de ser una excepción y pasó a formar parte del paisaje.
Una joven de 19 años no muere solo por una infección. Muere después de una cadena de ausencias.
Y en esa cadena, la pregunta no es solo qué pasó.
La pregunta es quién no llegó a tiempo.