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SANTANA DESAFIÓ A VIDAL

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SANTANA DESAFIÓ A VIDAL

En las últimas horas, quien salió a cuestionar públicamente la estrategia del Gobierno no fue un dirigente opositor ni un sindicalista. Fue el diputado provincial Santana, integrante del propio espacio político que conduce Claudio Vidal.

 

Y lo hizo con un mensaje que, leído en clave política, tiene mucho más peso del que parece.

 

Santana sostuvo que el conflicto podría haberse resuelto si el Gobernador hubiera enviado a Pedro Luxen a encabezar las negociaciones en lugar de delegar la discusión en el ministro de Seguridad y la cúpula policial. Traducido al lenguaje de la política real: el problema no era policial, era político.

 

La declaración deja expuesta una discusión que desde hace tiempo circula en voz baja dentro del oficialismo. Hay sectores que consideran que algunas decisiones clave se toman lejos de la realidad y que el Gobierno perdió capacidad para anticipar conflictos que eran previsibles.

 

El dato más llamativo es que Santana no cuestiona únicamente la gestión de la crisis. También sugiere que Luxen conocía perfectamente la situación y tenía herramientas para evitar que escalara. En otras palabras, reconoce que dentro del gabinete había dirigentes al tanto de lo que estaba ocurriendo mientras la tensión seguía creciendo.

 

Pero el mensaje va más allá. Cuando afirma que “hay momentos en donde uno se tiene que bajar del caballo y caminar lento para escuchar”, la crítica ya no apunta al ministro de Seguridad ni a la Jefatura de Policía. El destinatario es el propio Claudio Vidal.

 

Porque en política nadie le pide al conductor que escuche más si considera que está escuchando lo suficiente.

 

Lo que expresa Santana es algo que empieza a repetirse cada vez con mayor frecuencia dentro del oficialismo: el descontento con la forma en que se conduce el espacio y la sensación de que muchas decisiones terminan encerradas en un círculo cada vez más reducido.

 

La crisis policial quizás encuentre una salida. Lo que parece más difícil de resolver es el malestar interno que empieza a aflorar públicamente entre dirigentes que hasta hace poco elegían callar.

 

Y cuando las críticas ya no llegan desde la vereda de enfrente sino desde adentro de la propia casa, el problema deja de ser un conflicto sectorial para transformarse en un problema de conducción.