¿Y SI SALE MAL?
En una provincia atravesada por la mayor crisis policial de los últimos años, con la seguridad bajo presión, miles de efectivos y familiares movilizados en las calles y un clima social cada vez más tenso, la decisión de Claudio Vidal de convocar a una sesión extraordinaria para tratar un endeudamiento multimillonario aparece, como mínimo, como una actitud irresponsable. Lejos de intentar descomprimir el conflicto, el Gobierno eligió acelerar. Y cuando quienes deben garantizar la seguridad están reclamando respuestas, avanzar con una discusión de semejante magnitud parece más una apuesta al límite que un acto de prudencia institucional.
Santa Cruz atraviesa horas complejas. La marcha policial realizada anoche dejó una imagen contundente, posiblemente una de las mayores movilizaciones vinculadas a la fuerza en la última década. El reclamo dejó de ser un problema sectorial para convertirse en un problema político de primer orden.
Y aun así, el Gobierno decidió avanzar.
Como si el contexto no fuera suficientemente delicado, distintas fuentes señalan que funcionarios y militantes fueron convocados para acompañar la sesión. La imagen es, cuanto menos, incómoda: mientras la Policía reclama salarios y condiciones laborales, el oficialismo busca mostrar músculo político para sostener una votación clave.
La pregunta es inevitable: ¿era necesario?
Porque fue el propio Vidal quien colocó la discusión en términos de todo o nada. El gobernador eligió jugar fuerte, llevando al límite una situación que ya de por sí se encuentra cargada de tensión. Apostó parte importante de su capital político a una sesión cuyo resultado tendrá consecuencias mucho más amplias que una simple aprobación legislativa.
La historia enseña que los gobiernos suelen cometer errores cuando confunden poder con control. Una cosa es tener los votos. Otra muy distinta es dominar el clima social.
Hay además una paradoja que no pasa inadvertida. Muchos de quienes en 2007 acompañaban los reclamos de trabajadores estatales y cuestionaban al poder por no escuchar, hoy aparecen defendiendo exactamente aquello que antes criticaban. La causa cambia. Los protagonistas cambian. Lo que parece no cambiar es la capacidad que tiene el poder para modificar convicciones.
La Policía ocupa hoy el lugar que en 2007 ocuparon los docentes. Reclaman salarios, reconocimiento y respuestas. Y aunque cada conflicto tiene sus particularidades, existe una constante: cuando la dirigencia deja de escuchar y comienza a medir todo en términos de fortaleza política, suele perder contacto con la realidad.
Vidal conoce la historia reciente de Santa Cruz mejor que nadie. Por eso llama la atención que decida avanzar como si el contexto fuera uno más. Gobernar también implica comprender los tiempos, interpretar las señales y evitar que los conflictos escalen innecesariamente.
El tiempo dirá si esta decisión fue una demostración de liderazgo o un grave error de cálculo. Pero hay algo que ya parece evidente: cuando una provincia atraviesa una crisis de seguridad y el Gobierno decide redoblar la apuesta política, el riesgo deja de ser únicamente institucional.
Y cuando se juega tan al límite, nadie puede garantizar cómo termina la partida.