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168 CHICOS Y UNA EXPERIENCIA NATURAL

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168 CHICOS Y UNA EXPERIENCIA NATURAL

Más de 160 chicos vivieron la quinta temporada de Exploradores en la comarca

 

Campamentos en la naturaleza, vínculos que crecen y una comunidad que se consolida. El programa reunió a 168 participantes y continúa con propuestas en otoño e invierno.

 


Con campamentos de tres días en escenarios como el Cañadón Caracoles y el Cañadón del Río Pinturas, el programa Exploradores volvió a desplegar durante el verano una propuesta que combina naturaleza, aprendizaje y convivencia. Esta temporada participaron 168 chicos y chicas de Perito Moreno, Los Antiguos y Lago Posadas, en una experiencia que, a cinco años de su inicio, ya alcanzó a más de 2.000 jóvenes en toda la comarca.

En el último campamento de la temporada, mientras caía la noche, un grupo de chicos empezó a debatir sobre el cuidado del agua. Nadie lo había propuesto como actividad. Simplemente ocurrió. Entre ideas, preguntas y posiciones distintas, armaron un cartel que resumía lo que venían conversando: “La naturaleza no se vende y se cuida”. Se sacaron una foto alrededor y lo dejaron ahí, como una especie de cierre.

Esa escena, que surgió sin planificación, dice mucho de lo que pasa en Exploradores. “Nosotros proponemos experiencias, proponemos contenidos, pero lo que buscamos es que el aprendizaje se haga a través del diálogo y que los chicos lo vayan haciendo propio”, cuenta Pablo Damico, uno de los profesores del programa.

 

 

Una forma de estar en el mundo

 

“Exploradores es una forma de estar en el mundo”, define. Y la frase no queda en lo discursivo. Durante el verano, esa forma se traduce en campamentos intensos de tres días, donde conviven el aprendizaje sobre fauna, flora, cielos y cultura con la experiencia concreta de habitar esos espacios.

Esta temporada participaron 168 chicos y chicas de entre 10 y 18 años, provenientes de Perito Moreno, Los Antiguos y Lago Posadas. En cinco años, ya son cerca de 550 quienes participaron de los campamentos, y más de 2.000 si se suman las actividades en escuelas, ferias y salidas educativas.

Los escenarios también marcan la experiencia. Este año, los campamentos se realizaron en el Cañadón Caracoles y en el Cañadón del Río Pinturas, dentro del Parque Patagonia. En el primero, la escalada abre una puerta distinta para vincularse con el entorno. En el segundo, la caminata entre paredones que cambian de color y la presencia constante de fauna silvestre generan momentos difíciles de olvidar.

Hay un lugar en particular, la confluencia de los cañadones, que suele provocar una reacción común. “Profe, esto parece un fondo de pantalla de Google”, dicen muchos. Y en esa frase aparece algo un poquito más profundo. Y es la sorpresa de descubrir que esos paisajes no están en otro lugar del mundo, sino cerca de sus casas.

 

 

Lo que pasa en los chicos

 

Para quienes coordinan el programa, lo más importante no siempre es lo que se aprende en términos de contenido. Pablo dice que “las familias no pueden creer el crecimiento en tan pocos días, pero no solo en conocimientos, sino en la autonomía, en la forma de vincularse, en la paciencia, en la tolerancia”, explican.

Ese proceso también se ve en los vínculos. Amistades que empiezan en un campamento y se sostienen con el tiempo, incluso entre chicos de distintas localidades. “Exploradores tiene esa capacidad de ir más allá del lugar donde vivo y generar lazos que son realmente duraderos”, señala.

La experiencia no termina cuando vuelven a sus casas. Lo que se vive en el campamento se replica en las familias, en los hermanos, en los amigos. Y eso, con el tiempo, empieza a construir algo más amplio.

Cinco años después de su inicio, el programa creció en cantidad de participantes y también en presencia dentro de la comunidad. Este verano, por ejemplo, organizaron un cierre en el camping municipal de Perito Moreno, donde participaron cerca de cuarenta familias.

Compartieron juegos, comida y también ese espacio donde las familias pudieron ver de cerca qué hacen los chicos. “Ahí nos dimos cuenta que no somos solo el equipo y los participantes, sino que hay una comunidad alrededor que sostiene todo esto”, cuentan.

La demanda también acompaña ese crecimiento. En los meses de mayor actividad, llegan a recibir el doble de solicitudes que los cupos disponibles. Aun así, el objetivo sigue siendo que cada chico o chica que quiera participar pueda hacerlo al menos una vez.

 

 

Lo que viene con el frío

 

Con el fin de la temporada de verano, Exploradores no se detiene. Durante el otoño, el programa se enfoca en salidas más cortas, principalmente en reservas urbanas y humedales cercanos, para observar los cambios en el ambiente: aves que migran, hojas que caen, ciclos que se transforman.

En invierno, la experiencia se traslada a la nieve y a las adaptaciones de la fauna y la flora en condiciones extremas. “Explorar con frío también tiene su magia, porque todo cambia y obliga a mirar de otra manera”, explica Damico.

 “Exploradores cambia de formato, de lugar, de cantidad de participantes, pero la esencia no cambia”. Antes de cada actividad, siguen las rondas de expectativas, de cómo se sienten, de cómo quieren convivir. Porque, para quienes lo impulsan, construir un vínculo saludable con la naturaleza también implica construir buenos vínculos entre las personas.

Y en ese cruce entre experiencia y descubrimiento, también aparece la voz de quienes lo viven. Ignacio, “Nachito” fue uno de los participantes de esta temporada y lo resume con tanta simpleza. “Cuando me dijeron que iba a acampar, sentí mucha curiosidad y emoción por saber cómo sería la experiencia y el lugar. Lo mejor que me pasó fue todo lo que aprendí y la gente que conocí en el Cañadón y su historia. Lo que más me gustó fue la confluencia, me pareció un lugar mágico. Gracias a Exploradores, miro de una manera distinta la naturaleza que me rodea”.

Después de unos días de campamento, la experiencia ya no es solo una salida. “Si Exploradores fuera una historia, se llamaría Historia Mágica del Cañadón”, dice.