En el Día Mundial del Pingüino, una investigación en el extremo sur de Santa Cruz encendió señales de alerta: los pingüinos de Magallanes de Cabo Vírgenes están recorriendo mayores distancias y pasando más tiempo en el mar para alimentar a sus crías.

El investigador Esteban Frere, con décadas de trabajo en la zona, explicó que este año los resultados preliminares rompieron con lo esperado. “Sabíamos que sus viajes duraban menos de 24 horas, pero ahora vimos recorridos de hasta 120 kilómetros y salidas que se extienden a un día y medio”, detalló.
El dato no es menor: implica un mayor esfuerzo energético para los adultos y potenciales consecuencias en la alimentación de los pichones.

En tierra, la dinámica sigue una lógica cooperativa. Machos y hembras alternan roles para garantizar la supervivencia de las crías. Mientras uno sale a buscar alimento, el otro permanece en el nido. Sin embargo, cuando el pichón crece, ambos progenitores deben salir al mar al mismo tiempo, aumentando el riesgo.
La imagen romántica de los pingüinos “para toda la vida” también quedó en discusión. Según Frere, la fidelidad absoluta es más mito que realidad. Las parejas pueden durar años… o romperse en una misma temporada. Incluso se registran casos donde una misma hembra se reproduce con más de un macho.
Cuando termina la etapa reproductiva, hacia fines de marzo, comienza la dispersión. La mayoría migra hacia el norte, pero en Cabo Vírgenes ocurre algo particular: una parte de la colonia se queda.
Este fenómeno, conocido como migración parcial, depende de un factor clave: el alimento. Si las condiciones son favorables en el sur, algunos individuos permanecen en un radio de 300 a 400 kilómetros, mientras otros pueden recorrer hasta 4.000 kilómetros.

El seguimiento de estos animales combina métodos simples y dispositivos tecnológicos. Se utilizan chips de identificación, GPS durante la cría y geolocalizadores en la etapa migratoria. Pero hay una línea que no se cruza: evitar cualquier herramienta que perjudique su desplazamiento en el agua. “Priorizamos el cuidado de los individuos”, remarcó el investigador.
Si bien existen riesgos como la contaminación o la captura incidental, el mayor desafío hoy es otro: el cambio climático.
No actúa de forma directa, pero altera todo el ecosistema: modifica las condiciones del mar, cambia la distribución de las presas y vuelve impredecibles tanto la reproducción como la migración. El resultado puede ser crítico: menos crías, desplazamientos forzados y colonias en transformación.
Después de más de 40 años de trabajo, Frere no duda en elegir una imagen que lo represente: el paisaje entre Cabo Vírgenes y Punta Dúngenes, donde comienza el estrecho de Magallanes. Un escenario hostil, pero también fascinante.
Allí, cada temporada sigue planteando nuevas preguntas. Y mientras el clima cambia y las distancias se alargan, los pingüinos continúan haciendo lo mismo de siempre: sobrevivir.

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