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SE FUE EL VERDADERO “LABURANTE” DEL GABINETE

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SE FUE EL VERDADERO “LABURANTE” DEL GABINETE

Juan Mata no cayó por incompatible. Cayó porque lo expusieron. Para el Gobierno la gestión de Mata, era todo  gestión, confianza política y normalidad administrativa. Pero cuando empezó a circular el informe con empleadores múltiples, cargos cruzados y relaciones simultáneas, apareció de golpe la transparencia institucional y el operativo para tomar distancia.

El problema para el Gobierno es que Mata no apareció ayer en la estructura provincial. Antes de ser ministro ya era Secretario de Estado de Trabajo. O sea: si existía una incompatibilidad, una irregularidad o al menos una situación difícil de explicar, no nació con el decreto de ministro. Venía de antes. Mucho antes. Y eso es lo que vuelve incómodo el discurso oficial.

“No voy a defender lo indefendible”, dijo Claudio Vidal al confirmar su salida. La frase suena fuerte, tiene impacto y sirve para mostrar firmeza, pero inevitablemente deja flotando otra pregunta: si era indefendible hoy, ¿por qué no lo era cuando ya formaba parte del Gobierno? Porque según el informe que comenzó a circular, Mata registraba vínculos laborales con el Ministerio de Gobierno, la Cámara de Diputados, UOCRA y empresas privadas al mismo tiempo. Y recién ahora parece haberse convertido en un problema político.

En Santa Cruz las incompatibilidades rara vez aparecen por controles internos. Generalmente aparecen cuando alguien filtra un PDF y el tema explota públicamente. Ahí sí llegan los comunicados, las frases solemnes sobre transparencia y las decisiones “ejemplificadoras”. Pero siempre después. Nunca antes.

Y hay otro punto que terminó de generar bronca dentro del propio mundo estatal: mientras el ahora ex ministro embolsaba cifras que, según distintas estimaciones políticas, superarían ampliamente los 20 millones de pesos mensuales entre cargos, estructuras y vínculos laborales, era el mismo funcionario encargado de escuchar —o muchas veces ignorar— los reclamos salariales de miles de empleados públicos santacruceños que hoy están por debajo de la línea de pobreza.

El mismo ministro que negociaba con docentes, judiciales, administrativos y trabajadores de la salud mientras en la provincia se multiplican los estatales endeudados, los sueldos licuados y las paritarias eternas. Y ahí es donde la historia deja de ser solamente un problema administrativo para transformarse en un problema político y moral. Porque lo que irrita no es únicamente la posible incompatibilidad. Lo que genera bronca es la sensación de privilegio, de desconexión y de una dirigencia que parece vivir en una realidad completamente distinta a la de los trabajadores que dice representar.

Por eso, más allá del intento del Gobierno de mostrar la salida de Mata como una señal de transparencia, en la política santacruceña muchos hacen una lectura mucho más simple y brutal: no lo echaron por lo que hacía. Lo echaron porque ya no podían sostenerlo después de que todo salió a la luz.