VIDAL HIPOTECA EL FUTURO SIN EXPLICAR EL PRESENTE
600 MILLONES DE DÓLARES Y UNA PREGUNTA SIMPLE: ¿EN QUÉ?
El gobierno de Claudio Vidal asegura que el endeudamiento por 600 millones de dólares estará destinado a “financiar obras estratégicas de infraestructura y mejorar el perfil financiero de la provincia”. También habla de “soluciones de fondo” para problemas históricos que afectan a distintas localidades santacruceñas. El problema es que detrás de esas frases grandilocuentes no aparecen precisiones concretas. No se conocen las obras. No hay detalles técnicos. No hay costos discriminados. No hay estudios de factibilidad públicos. No hay plazos claros. No hay certezas sobre tasas, garantías o condiciones reales del endeudamiento. Hasta ahora, todo parece más una consigna de campaña que un proyecto serio pensado a largo plazo.
Y eso es lo que genera desconfianza. Porque hace apenas horas el propio gobierno reconoció que durante el último año se gastaron cerca de 200 millones de dólares en gastos corrientes. Doscientos millones que hoy no se reflejan en absolutamente nada visible para los santacruceños. No están en los salarios estatales, con miles de trabajadores todavía por debajo de la línea de la pobreza. No están en hospitales abastecidos. No están en medicamentos. No están en las escuelas. No están en rutas, viviendas ni obras públicas importantes. No están en la seguridad. Entonces la pregunta cae por su propio peso: si 200 millones de dólares desaparecieron en el funcionamiento diario de un Estado que sigue mostrando niveles alarmantes de deterioro, ¿por qué ahora habría que confiar ciegamente en otros 600 millones?
Sobre todo cuando el propio Estado provincial sigue creciendo en estructura política mientras le pide paciencia a la sociedad. Más cargos, más funcionarios, más nombramientos. El caso reciente de Nicolás Brizuela, ahora designado como secretario de Estado, vuelve a alimentar esa sensación de que el ajuste nunca pasa por la política. Porque mientras los trabajadores discuten salarios de pobreza, el organigrama estatal sigue expandiéndose con cargos cuya utilidad concreta muchas veces ni siquiera logra explicarse públicamente.
El discurso oficial intenta instalar que este endeudamiento será una herramienta para “ordenar” la provincia y proyectar desarrollo. Pero la realidad económica de Santa Cruz genera más dudas que entusiasmo. Porque endeudarse en dólares en la Argentina nunca es un detalle menor. Mucho menos en una provincia que no logró diversificar su economía, que depende cada vez más de recursos en caída y donde el sector privado sobrevive con enormes dificultades. ¿Cómo piensa Santa Cruz devolver 600 millones de dólares si no hay un verdadero plan productivo detrás? ¿De dónde van a salir esos dólares? ¿Qué actividad los va a generar?
Y ahí aparece el gran vacío del proyecto. Se habla de infraestructura estratégica, pero sin explicar cuál. Se habla de desarrollo, pero sin mostrar un programa económico integral. Se habla de soluciones estructurales, pero sin números concretos ni prioridades definidas. Todo queda reducido a slogans amplios, ambiguos, imposibles de auditar. Palabras que suenan bien en un discurso, pero que no alcanzan cuando lo que está en juego es hipotecar el futuro financiero de toda una provincia.
Porque los argentinos ya vimos demasiadas veces esta película. Gobiernos que prometen administrar mejor, discursos épicos sobre “ordenar” el Estado y terminaron dejando más deuda, más dependencia y menos respuestas. Por eso hoy la sociedad no pide relatos. Pide explicaciones. Pide transparencia. Pide saber exactamente en qué se va a gastar cada dólar y cómo se va a devolver. Algo lógico cuando quienes tendrán que pagar esta deuda no serán los funcionarios de turno, sino generaciones enteras de santacruceños.