SIN DORMIR, SIN PAUSAS: 36 HORAS SOBRE EL KAYAK
Un guía santacruceño bajó el río Santa Cruz en kayak sin detenerse
Juan Manuel “Bachi” Fabbri completó una travesía inédita: unió el nacimiento y la desembocadura del río Santa Cruz en más de 36 horas continuas de remada. El desafío, realizado junto a un equipo de apoyo, buscó además visibilizar el impacto ambiental sobre los glaciares, el agua y los ecosistemas de la región.

Lo que comenzó como una inquietud personal terminó convirtiéndose en una experiencia límite. Juan Manuel “Bachi” Fabbri, nacido en Puerto Santa Cruz y actualmente guía de montaña en El Calafate, completó un recorrido de 385 kilómetros sobre su kayak sin detenerse, desde el lago Argentino hasta el punto donde el río se encuentra con el mar.
“Ya lo había bajado en varias oportunidades, pero siempre con pausas. Esta vez quería probar si era posible hacerlo en un solo tirón”, contó.
La planificación: 36 horas sin dormir
Para que la travesía fuera posible, Fabbri diseñó una estrategia que combinó alimentación continua, hidratación permanente y control mental para enfrentar el cansancio. No hubo comidas grandes ni descansos prolongados: el objetivo era no cortar el ritmo.
“El cuerpo estaba perfecto, pero la cabeza ya no respondía. Ahí apareció el sueño como enemigo”, relató.
La navegación nocturna sumó tensión. Con el cauce acelerado en la zona de las represas y sin visibilidad, solo la luna y el sonido del agua guiaron el avance.
Un equipo totalmente santacruceño
Aunque el plan original era bajar solo, el proyecto incorporó un equipo de apoyo tras la advertencia de que ante un imprevisto el riesgo sería alto. Alex Oliveira (Comandante Luis Piedra Buena) lo acompañó en un gomón, junto a Carlos Aguilera, encargado del registro audiovisual, y Jorge “Jorgín” Chávez, con experiencia en navegación del río.
“Fue un placer compartirlo. Estas cosas a veces uno las imagina en soledad, pero compartir las vuelve mejores”, afirmó Fabbri.
Las dificultades no esperaron al agua. Hubo rotura del gomón, problemas logísticos y un arranque retrasado más de cuatro horas. Sin embargo, ya en el río, la travesía fluyó entre fauna, estancias, picaderos tehuelches y una geografía que Fabbri describe como “única”.
El arribo a Puerto Santa Cruz sumó el componente emocional: familiares, amigos y el Club Náutico, donde aprendió a remar, lo esperaban sin previo aviso.
Un mensaje ambiental
La hazaña deportiva no fue el único motor. Fabbri buscó visibilizar la situación de los glaciares, el río Santa Cruz y el impacto potencial de una modificación a la Ley de Glaciares.
“Si no es por los vecinos y los guías que cuidan estos lugares, todo se discute en silencio. Lo que está en juego es el agua, para nosotros y para las próximas generaciones”, advirtió.
Filtrado por la experiencia, el mensaje fue claro: “Ojalá sirva para que más gente tome conciencia del lugar en el que vivimos”.
La bajada completa del río Santa Cruz sin pausas no solo sumó un registro deportivo inédito para la región: dejó expuesta la relación entre territorio, deporte, ambiente y futuro. Y recordó que, en la Patagonia, el agua no es solamente un paisaje: también es una discusión urgente.

