MURIÓ GABRIEL TRUJILLO, EL POLICÍA QUE TRABAJABA UN ADICIONAL PARA LLEGAR A FIN DE MES Y EL SILENCIO OFICIAL
MURIÓ GABRIEL TRUJILLO: LA TRAGEDIA QUE EXPUSO EL COSTO DE LOS ADICIONALES Y EL DESAMPARO QUE DENUNCIA LA FAMILIA POLICIAL
La muerte del subcomisario Gabriel Trujillo, de 39 años, dejó un profundo dolor en la Policía de Santa Cruz. Pero también abrió una discusión incómoda que atraviesa a toda la fuerza: la necesidad de realizar servicios adicionales para complementar salarios que, según denuncian los propios efectivos, ya no alcanzan para sostener a una familia.
Trujillo sufrió el accidente mientras se dirigía a cubrir un adicional policial fuera de Caleta Olivia, Trujillo circulaba en su motocicleta para cumplir funciones adicionales cuando fue atropellado desde atrás por un automóvil Volkswagen Polo, los test de alcoholemia confirmaron que el conductor manejaba con 1,5 gramos de alcohol en sangre.
De acuerdo con testimonios de compañeros y allegados, se trataba de una tarea que había aceptado por cuestiones económicas, una realidad que se repite entre cientos de policías santacruceños que dependen de las horas extras para llegar a fin de mes.
Durante varios días, familiares, amigos y compañeros mantuvieron la esperanza de una recuperación que finalmente no llegó. La confirmación de su fallecimiento provocó una profunda conmoción dentro de la fuerza y reavivó fuertes cuestionamientos hacia las autoridades del Ministerio de Seguridad y la Jefatura de Policía.
Las críticas apuntan a la falta de acompañamiento institucional durante las horas más difíciles que atravesó la familia. Según denunciaron allegados, los padres de Trujillo llegaron desde otras localidades para acompañar a su hijo y no encontraron equipos de contención psicológica ni un dispositivo de asistencia acorde a la gravedad de la situación.
También cuestionaron la falta de respuestas concretas para resolver cuestiones básicas como alojamiento, traslados y asistencia para los familiares que permanecieron durante días en Caleta Olivia siguiendo la evolución médica del subcomisario.
El malestar creció aún más cuando, según relataron familiares y efectivos, integrantes de la plana mayor policial se presentaron recién varios días después del accidente. Para muchos de los presentes, la reacción oficial fue tardía y estuvo lejos de la contención que esperaban en un momento tan crítico.
Mientras tanto, la asistencia más visible llegó desde los propios compañeros de Trujillo, quienes organizaron cadenas de oración, colaboraron con la familia y acompañaron permanentemente a sus seres queridos durante la internación.
La muerte de Gabriel Trujillo deja una herida profunda en la familia policial santacruceña. Pero también instala interrogantes que difícilmente desaparezcan con el paso de los días: ¿cuántos efectivos se ven obligados a multiplicar jornadas para sostener sus hogares?, ¿qué mecanismos de asistencia existen para las familias policiales cuando ocurre una tragedia?, ¿estuvieron las autoridades a la altura de las circunstancias?
Preguntas que hoy resuenan con fuerza entre quienes despiden a un compañero que perdió la vida mientras iba a trabajar.
Porque detrás de cada uniforme hay una familia. Y detrás de cada tragedia, una responsabilidad que la sociedad espera que alguien asuma.