AGÜERO, EL HOMBRE AL QUE EL GOBIERNO DEJÓ SOLO
“Agüero está preparando las valijas”. La frase comenzó a correr con fuerza en los últimos días. Nadie la confirma oficialmente. Pero tampoco nadie se anima a desmentirla.
El jefe de Policía jugó fuerte. Muy fuerte. Durante toda la semana apretó a sus propios camaradas azules. Amenazó con sumarios, descuentos salariales y sanciones. Incluso deslizó la posibilidad de quitar las armas reglamentarias a quienes participaran de las medidas de fuerza.
Una estrategia de máxima.
Pero salió mal.
Porque lejos de quebrar el reclamo, terminó haciendo renacer el orgullo de la fuerza. Policías que dudaban se sumaron. Otros que guardaban silencio empezaron a hablar. Y el descontento se multiplicó.
El propio Diego Agüero terminó reconociendo lo que ya era un secreto a voces: las medidas de fuerza tienen un alto nivel de adhesión, cercano al 70 por ciento entre policías y penitenciarios. Y admitió algo todavía más delicado: que las tareas preventivas en las calles son realizadas, en muchos casos, por personal administrativo.
Una confesión que refleja la profundidad de la crisis.
Pero quizá la declaración más desafortunada fue otra. Cuando habló de salarios, explicó que un aumento podría terminar impactando en el pago del Impuesto a las Ganancias. Una frase que cayó pésimo en una fuerza que reclama hace años mejores condiciones laborales.
Hay un viejo chiste que parece escrito para esta historia.
El jefe pregunta: “¿Quién está dispuesto a decir y hacer cualquier cosa por este gobierno?”. Y antes que uno diera un paso al frente, todos los dieron un paso hacia atrás.
Eso parece haberle pasado a Agüero.
Puso la cara por una estrategia que, según distintas versiones políticas, fue impulsada desde las más altas esferas del Gobierno. Pero cuando el conflicto escaló, los políticos desaparecieron de la escena.
Lo dejaron solo.
Solo frente a una fuerza enojada.
Solo frente a una crisis que no pudo contener.
Solo frente a sus propios camaradas, muchos de los cuales hoy lo señalan como el ejecutor de decisiones que nunca tomó en soledad.
Porque en política hay una regla cruel: cuando una jugada fracasa, siempre aparece un fusible.
Y en Santa Cruz, cada vez son más los que creen que Diego Agüero podría ser el primero en saltar