VIDAL PUSO EN VALOR UN MÁSTIL MIENTRAS LA PROVINCIA SIGUE SIN RUMBO
EL GOBIERNO PUSO EN VALOR UN MÁSTIL
Y LA REALIDAD SIGUE SIN BANDERA
Por Pepe Sánchez (modo on)
Hay gobiernos que inauguran hospitales. Otros, escuelas. Algunos, rutas.
En Santa Cruz, en cambio, el Gobierno decidió ir a fondo con lo urgente: la puesta en valor de un mástil.
Sí, un mástil.
Mientras la inflación mastica salarios, la inseguridad avanza sin patrulleros y la Policía cobra sueldos que no alcanzan ni para el combustible del mes, el gobernador Claudio Vidal eligió comunicar con épica lo que antes se resolvía con una escalera, una lata de pintura y una soga nueva.
“Identidad, trabajo y producción”, tituló Vidal su posteo, como si detrás del mástil viniera una fábrica, un plan productivo o al menos un empleo genuino. Pero no: lo que se puso en valor fue el mástil. La galería histórica. El símbolo. El acto. La foto.
Dos años de gestión después, el balance que ofrece el Ejecutivo es claro: mucho relato, poca gestión y una notable vocación por confundir prioridades.
El gobernador habla de “orden” mientras la provincia sigue desordenada. Habla de “recuperación” cuando los indicadores sociales no muestran recuperación alguna. Habla de “respeto por la historia” mientras el presente se cae a pedazos.
También vuelve el libreto conocido: la provincia estaba “vaciada”, el sistema judicial “deteriorado y corrompido” y la culpa, como siempre, es del pasado o de Nación. Una fórmula probada: si algo no funciona hoy, es porque alguien lo rompió ayer.
Eso sí, en el relato todo funciona. Hasta el mástil tiene épica.
La derogación de la Ley de Lemas aparece, una vez más, como el gran logro histórico, aunque no alcance para explicar por qué, sin esa ley, la vida cotidiana de los santacruceños sigue igual o peor.
En el mientras tanto, la política se abraza a los símbolos porque gestionar duele, cuesta y expone. Inaugurar un mástil no genera conflictos, no abre paritarias, no enfrenta sindicatos, no muestra números incómodos.
Un mástil no reclama salario, no pide patrulleros, no exige justicia ni educación.
Un mástil no protesta.
Tal vez por eso se volvió protagonista.
En Santa Cruz, hoy, la bandera flamea alta… pero la realidad sigue en el piso.