SUELDOS DE POBREZA PARA FINANCIAR NEGOCIOS MILLONARIOS
PROMESAS PARA LAS PETROLERAS, AJUSTE PARA LOS DE SIEMPRE
El año pasado, en el marco del acuerdo con YPF, el gobierno de Claudio Vidal tomó una decisión concreta: eximir del pago del impuesto de sellos a todos los instrumentos vinculados a ese convenio. Se presentó como una medida técnica, vinculada al interés ambiental por el cierre de pozos, pero en los hechos implicó un beneficio económico directo para la operadora.
Ese antecedente no quedó aislado. Marca una línea.
Hoy, esa misma lógica volvió a aparecer con otro anuncio: la baja de regalías para las petroleras, con el argumento de incentivar inversiones y reactivar la actividad. El planteo, otra vez, gira en torno a generar condiciones, acompañar al sector y apostar a la producción.
Pero lo que efectivamente ocurrió está lejos de eso.
No hubo acuerdo firmado. No hubo compromisos concretos. Lo que se presentó fue un acta de intención, más cercana a una expresión de deseo que a un esquema real de inversión.
Sin embargo, la señal sí es clara: la provincia está dispuesta a resignar recursos.
Y ahí es donde la discusión deja de ser discursiva.
Porque las regalías son ingresos clave del Estado, además de ser coparticipables con los municipios. Cada punto que se reduce impacta directamente en las cuentas públicas, en los servicios, en los salarios y en un esquema que ya viene tensionado.
Entonces la pregunta aparece sola.
¿Tiene sentido resignar recursos concretos a cambio de desfinanciar salarios, salud y educación?
Más aún cuando las mismas operadoras a las que hoy se busca incentivar forman parte del problema actual del sector. Son, en buena medida, las que dejaron a más de 10.000 trabajadores petroleros santacruceños fuera del sistema.
El esquema es cada vez más evidente: beneficios reales para las empresas, expectativas de inversión que no terminan de aparecer y un Estado que pierde margen. Y cuando el Estado pierde recursos, alguien cubre esa diferencia y en Santa Cruz, ese alguien no son las petroleras, son los de siempre.
Los trabajadores, con salarios cada vez más deteriorados, y los municipios, con menos herramientas para sostener lo básico.
Promesas para los arriba.
Costo real para los de abajo.