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“NOS TRAEN COMO GANADO”: ESTALLA LA BRONCA EN LA POLICÍA DE SANTA CRUZ

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“NOS TRAEN COMO GANADO”: ESTALLA LA BRONCA EN LA POLICÍA DE SANTA CRUZ

En las últimas horas, empezó a correr con fuerza un malestar que ya no se puede disimular dentro de la Policía de Santa Cruz. No es un rumor aislado ni una queja suelta: son muchos  mensajes que llegaron a la redacción de WOU describiendo una escena que, puertas adentro, muchos califican como inédita por el nivel de desorganización y desgaste que expone.

Todo se disparó a partir de una convocatoria impulsada por el gobernador Claudio Vidal, que ordenó reunir en Río Gallegos a jefes de dependencias de toda la provincia. La cita, según pudo confirmar este medio, es el jueves. Hasta ahí, podría leerse como una decisión política habitual. El problema no es la reunión. El problema es cómo.

Según los mensajes que circularon y que este medio pudo reconstruir, oficiales de distintos puntos de Santa Cruz fueron convocados a viajar a la capital sin demasiada planificación logística. Alojamiento improvisado en escuelas de cadetes y suboficiales, la indicación de llevar bolsas de dormir, y una organización que muchos dentro de la fuerza describen como “precaria”. Cena, almuerzo precario al día siguiente… y poco más. Para algunos, el dato que termina de graficar el cuadro: comisarios que ni siquiera saben con certeza cómo van a trasladarse o qué función concreta van a cumplir.

Pero el problema es más profundo y no empezó ahora. Lo que esta convocatoria dejó al descubierto es el estado real en el que vienen funcionando muchas dependencias policiales en la provincia: comisarías con condiciones edilicias deplorables, falta de insumos básicos, escasez de combustible que limita patrullajes, móviles destruidos o fuera de servicio y una falta de fondos que complica incluso el funcionamiento cotidiano.

El malestar no es nuevo, pero el nivel sí. Durante estos dos años, el foco de los reclamos estuvo puesto en los suboficiales: salarios bajos, falta de recursos, condiciones laborales deterioradas. Hoy, la bronca escaló. Alcanzó a los oficiales y jefes, que empiezan a experimentar en carne propia la misma lógica de improvisación que antes parecía quedar más abajo en la cadena.

“Una vergüenza”, sintetizó uno de los mensajes que llegó a esta redacción. Otro fue más gráfico: “los traen como ganado”. La frase, repetida en distintos chats internos, empieza a instalarse como síntoma de algo más profundo: una degradación institucional que ya no distingue jerarquías.

En ese contexto, también aparece un elemento que enciende aún más la bronca interna: la percepción de prioridades invertidas. Mientras dentro de la fuerza se habla de falta de recursos básicos para trabajar, no pasan desapercibidas decisiones políticas recientes, como la entrega de vehículos a otros organismos o áreas del Estado, incluidos sectores que dentro de la propia policía consideran de menor urgencia operativa. La comparación es inevitable y alimenta el enojo.

Puertas adentro también aparece otra lectura, más política. Algunos interpretan la convocatoria como un intento de “ordenar” a la fuerza o incluso de relevar información interna vinculada al funcionamiento del personal. Otros, directamente, lo leen como una señal de desorientación en la conducción.

En paralelo, otro de los puntos que empieza a generar ruido interno es la creacion de un  Juzgado de Faltas. Según comentarios que circularon entre el personal y que llegaron a la redacción de WOU, hay quienes interpretan que parte de estos movimientos buscan recaudación con infracciones. La sospecha, aún sin confirmación oficial, es que se intenta reforzar la recaudacion en un  contexto donde la necesidad de ingresos empieza a pesar en la toma de decisiones. Esa lectura, dentro de la fuerza, no cae bien: muchos efectivos sienten que se los quiere empujar a una lógica más recaudatoria que preventiva, en medio de un sistema que ni siquiera logra garantizar condiciones básicas de trabajo.

Lo concreto es que la imagen que empieza a filtrarse hacia afuera es incómoda: una fuerza que debería transmitir orden, previsibilidad y autoridad, pero que hoy aparece desbordada por la improvisación. Y cuando eso ocurre en una estructura policial, el impacto no queda solo dentro de los cuarteles.

Porque el problema ya no es únicamente salarial ni operativo. Es estructural. Es de conducción. Y cuando la conducción falla, el resto es apenas consecuencia.